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La historia clínica detallada es la herramienta para el diagnóstico del insomnios

20 diciembre, 2017

La historia clínica detallada es la herramienta para el diagnóstico del insomnio

La historia clínica es la piedra angular de la atención médica y, sin embargo, no siempre se le dedica el tiempo suficiente. Por ello, la última edición de la Guía Europea de consenso sobre el insomnio, publicada en julio de 2017, coloca la anamnesis en el punto de partida para abordar el problema.

“La historia clínica muy detallada, que incluya aspectos como que la dificultad para conciliar y mantener el sueño se perciba durante, al menos, tres días a la semana, y por un periodo superior a un mes es fundamental para establecer el diagnóstico de un trastorno del sueño”, describe Jesús Pujol Salud, del Grupo de Trabajo de Neurología de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y miembro del equipo médico de la Clínica de Sueño Estivill.

Además, estos síntomas se deben acompañar de una alteración del funcionamiento diurno (problemas de concentración, irritabilidad, falta de rendimiento que el paciente asocia a la mala calidad del sueño).

Junto a esa información, la historia clínica debe descartar la presencia de otras patologías (hipertiroidismo) y reflejar el consumo de excitantes (alcohol y cafeína). Como pruebas complementarias, las recomendaciones se limitan a realizar el Test de Pitsburg de calidad del sueño.

Estas directrices se pueden ejecutar en la consulta del médico de familia, y de hecho, “la guía resalta el importante papel que tiene la Atención Primaria para el abordaje de las dificultades de sueño”, destaca Pujol.

En cuanto al tratamiento, una vez descartados problemas de ansiedad o depresión vinculados al insomnio, lo primero es insistir en la conveniencia de seguir ciertas rutinas asociadas al dormir, evitar comidas copiosas, mantener la habitación con poca luz y con una temperatura media, y tener un horario fijo para acostarse y levantarse (durante los días laborables y también en los festivos).

En la combinación de estos factores han irrumpido los dispositivos móviles, y de su presencia en el dormitorio alerta Pujol porque afectan al sueño -“debido a la ansiedad de mantenernos permanentemente informados de lo que sucede y por la luz que emiten, que puede inhibir la secreción melatonina”- y, por tanto, lo aconsejable es mantenerlos apagados.

Fármaco de uso limitado

Una vez corregidos los factores ambientales, si el insomnio es de corta duración (menos de un mes), “se puede administrar algún hipnótico durante un periodo no superior a dos semanas, incluido el tiempo de retirada del fármaco”, pero si es de larga duración (más de un mes de evolución) hay que recurrir a terapias cognitivo/conductuales, que abarcan desde técnicas de relajación, mindfulness, o meditación. “Se trata de aislar los pensamientos conflictivos del cerebro”.

Jesús Pujol admite que un error en el que tradicionalmente han caído los médicos al tratar el insomnio ha sido el de mantener la prescripción de la benzodiacepina durante mucho tiempo y no hacer el seguimiento de la prescripción. “La Agencia Española del Medicamento recomienda su uso durante periodos cortos, y esto es lo adecuado.

Pero si alguien lleva tiempo tomando la pastilla para dormir, en dosis bajas y no afecta a otros problemas de salud que tenga, podemos plantearnos mantenerla. Pero, en ningún caso hay que subir la dosis sin revisar los síntomas del paciente y el cumplimiento de las normas de higiene del sueño”.

Las revisiones terapéuticas del insomnio, además de los fármacos tradicionales, también han analizado otras opciones, como el uso de melatonina, fitoterapia o acupuntura y el resultado es que “no se pueden incluir entre las recomendaciones con un fuerte nivel de evidencia, pero sí hay estudios en los que la melatonina se recomienda para tratar el insomnio en mayores de 55 años, y durante un periodo próximo a un año”.

Por último, la guía advierte de los riesgos que supone para la salud el sueño de corta duración (menos de 6 horas, aunque las necesidades varían de una persona a otra y con el rango de edad), y que incluyen enfermedades cardiovasculares (hipertensión, infarto de miocardio, insuficiencia cardiaca), alteraciones del metabolismo de la glucosa (resistencia a la insulina, diabetes, obesidad), además de los problemas mentales asociados a dormir poco.

La incidencia de los trastornos del sueño (diagnosticados) en la población general es de, aproximadamente, el 10%, pero la cifra aumenta hasta cerca del 33% si se incluyen las personas que en algún momento han consultado con el médico por problemas para dormir.

El representante de semFYC reitera la capacidad de los médicos de Primaria para asumir el manejo del insomnio y comenta que será un trastorno cada vez más habitual en este nivel asistencial. Por ello, opina que los facultativos, y todo el equipo de Atención Primaria en general, deberían recibir formación sobre algunas técnicas cognitivo conductuales, que se pueden aplicar en grupo sin que por ello pierdan su eficacia.