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La estatura puede ser un factor de riesgo de enfermedad tromboembólica

12 junio, 2018

La estatura puede ser un factor de riesgo de enfermedad tromboembólica

“La trombosis venosa profunda de las extremidades inferiores (TVP) y su más temible asociación, el tromboembolismo pulmonar (TEP), conforman la entidad patológica conocida como enfermedad tromboembólica venosa (ETEV). Ambas están íntimamente relacionadas y constituyen un auténtico problema de salud pública. En España, la incidencia de ETEV es de 116-124 casos por cien mil habitantes al año, con una mortalidad del 11,6% en el TEP y 2,3% en la TVP”, indica el doctor Manuel Frías Vargas, coordinador Nacional del Grupo de Vasculopatías de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). “El TEP es la primera causa de muerte evitable entre los pacientes hospitalizados, pero los supervivientes de la ETEV tienen un riesgo elevado de recurrencia de TVP/EP (10% por paciente y año), hipertensión venosa pulmonar crónica (5%) y síndrome posflebítico (30%)”, añade.

Estos datos justifican el interés que ha suscitado un estudio sueco que correlaciona la estatura con un mayor riesgo de tromboembolismo. El trabajo, que se ha publicado en   Circulation: Cardiovascular Genetics, de la Asociación Americana del Corazón[1], se basa en los datos extraídos de la revisión de dos millones de hermanos suecos y ha encontrado que los hombres con una estatura de 1,60 metros tienen un riesgo de TEV un 65% menor que los que miden 1,90 metros, y en las mujeres embarazas de menos de 1,55 metros de altura, el riesgo se reduce un 69% en comparación con las que superan el 1,85 metros de altura. Según Bengt Zöller, profesor asociado de la Universidad de Lund (Suecia) e investigador principal, “podría ser que debido a que las personas más altas tienen venas de las piernas más largas, haya más superficie en la que pueden ocurrir problemas. También, hay más presión gravitacional en las venas de las piernas de personas más altas que pueden aumentar el riesgo de que el flujo sanguíneo disminuya o se detenga temporalmente”.

Sin embargo, Frías Vargas descarta que, de momento, la altura pase a considerarse un factor de riesgo en la práctica clínica, dado que “el estudio analiza una base de datos población de un registro sueco pero no muestra causa-efecto. Para analizar con más profundidad diferentes causas de TEV en individuos más altos es importante realizar más investigaciones que puedan indagar otros factores genéticos, como son los relacionados con la coagulación”.

Los principales factores de riesgo reconocidos, de momento, y que se traducen con mayor frecuencia en enfermedad tromboembólica son: ser mayor de 65 años; antecedentes previos de TVP o tromboembolismo; cirugía mayor (abdomen, pelvis y de extremidades inferiores); fractura en el último mes; historia de neoplasia activa; tratamiento antitumoral (quimioterapia o radioterapia) y terapia hormonal.

En cuanto a las pautas preventivas, el portavoz de Semergen subraya que “el riesgo de ETEV depende de cada paciente y de la intervención. Se han elaborado distintos modelos de estratificación del riesgo trombótico basados en factores de riesgo, como es el de Rogers, que es el modelo utilizado en el consenso internacional sobre prevención y tratamiento de ETEV de la Unión Internacional de Angiología (IUA), o del modelo de Caprini, de fácil manejo y con una buena validación externa. Asimismo, se debe valorar el riesgo de hemorragia. A partir de estos modelos predictivos se adoptan las pautas preventivas de tratamiento médico o farmacológico”.

Manuel Frías hace hincapié en que “los objetivos a corto plazo del tratamiento de la enfermedad tromboembólica venosa son disminuir la extensión del trombo, evitar la embolización y la recurrencia inmediata. A largo plazo, el tratamiento está dirigido a disminuir la recurrencia tardía y a evitar la aparición de complicaciones, como el síndrome postrombótico (SPT) y la hipertensión pulmonar (HTP)”. Una vez definidas las prioridades, el abordaje de la embolia pulmonar (EP) y de la trombosis venosa profunda (TVP) de miembro inferior (MMII) se puede dividir en tratamiento agudo -anticoagulación y terapia de eliminación del trombo (fibrinólisis y trombectomía/embolectomía)- y terapia anticoagulante a largo plazo.

La gravedad de esta enfermedad obliga a concentrar los esfuerzos en su prevención y en evitar que aumente su incidencia, así como sus complicaciones y recurrencia. Para ello, “es necesario realizar una profilaxis adecuada, un diagnóstico temprano y un tratamiento eficaz, un abordaje que exige una adecuada formación por parte de los médicos implicados en la atención de esta patología”, concluye el experto.

 

 

[1] Bengt Zöller, Jianguang Ji, Jan Sundquist and Kristina Sundquist. Body Height and Incident Risk of Venous Thromboembolism Circulation: Genomic and Precision Medicine. 2017;10:e001651. Disponible en: http://circgenetics.ahajournals.org/content/10/5/e001651