Este sitio web está dirigido a profesionales sanitarios en España.

Jugar a la pelota y hacer circuitos de fuerza aumenta la masa ósea y muscular de los niños

20 abril, 2018

Jugar a la pelota y hacer circuitos de fuerza aumenta la masa ósea y muscular de los niños

La epidemia de obesidad infantil está adquiriendo unas dimensiones alarmantes. En el mundo, 41 millones de niños de 0 a 5 años tienen sobrepeso u obesidad, una cifra que alcanzará los 70 millones en 2025, alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS)1. En España, el 23,2% de los niños de 6 a 9 años tiene sobrepeso y el 18,1%, obesidad2. El exceso de peso se traduce en mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, síndrome metabólico, trastornos musculoesqueléticos (enfermedades crónicas propias de los adultos) y problemas de autoestima. Una dieta inadecuada y la falta de actividad física son los principales causantes de esta epidemia, si bien las intervenciones sobre estos factores obtienen resultados beneficiosos constatables a corto plazo.

Así lo refleja un estudio danés publicado en British Journal of Sports Medicine ,que ha verificado que la masa muscular y la salud ósea mejora en los niños de 8 a 10 años que realizan actividad física intensa en la escuela. Los investigadores compararon los efectos en los niños que hicieron las clases normales de educación física con niños que realizaron ejercicio intenso (jugar a la pelota y circuito de entrenamiento de ejercicios de gimnasia y de fuerza utilizando su propio peso) durante 40 minutos/tres días a la semana. Al año de estar realizando el programa de entrenamiento, la fuerza muscular aumentó en un 10%, la densidad ósea, un 40% más que en el grupo control y el equilibrio mejoró en un 15%3. “Nuestra investigación muestra que el ejercicio intenso en la escuela tiene efectos positivos claros sobre la densidad ósea, la fuerza muscular y el equilibrio en niños de 8 a 10 años”, subraya el director del proyecto Peter Krustrup, profesor de Ciencias del Deporte y la Salud en la Universidad del Sur Dinamarca.

Para Alina Boteanu, de la Unidad de Reumatología Pediátrica del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, “estos resultados sugieren que las clases de educación física intensa bien organizadas pueden contribuir positivamente a mejorar la salud musculoesquelética en niños y disminuir el riesgo de fracturas en la edad adulta” y subraya que “la carga mecánica mediante actividad física durante la infancia aumenta la mineralización y la resistencia ósea, llegan en la tercera década de la vida al pico de masa ósea ideal”.

Actividad individualizada

Pero muchos especialistas consideran que el tiempo dedicado en los horarios escolares a las clases de gimnasia y actividad física es insuficiente, como Reyes Mazas, responsable de Educación para la Salud de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), que alerta de que “tenemos una población infantil sedentaria y si no se obliga a aumentar el número de horas dedicadas al ejercicio en la comunidad educativa, tendrán que hacerlo de forma lúdica. Pero lo deseable es que sea de forma obligada en el aula para que no se nos escapen niños sedentarios”.

La reumatóloga confirma “un aumento alarmante del sedentarismo”, y algunas de sus consecuencias tendrán reflejo años después, pero otras son inmediatos. Así, “los niños que han practicado ejercicios físicos intensivos tienen significativamente menos caídas/minuto en el test realizado para evaluar la estabilidad, como recoge el estudio del British Journal of Sports Medicine“, comenta, lo que no tiene que hacer ignorar que “una actividad inadecuada también tiene consecuencias. En los últimos 10 años se ha observado un aumento de consultas por esguinces o contracturas, y entre las causas se encuentra un ejercicio físico excesivo, no adecuado a la edad del niño igual que una sobreactividad intensa y ocasional en un niño habitualmente sedentario y no entrenado o un deporte de alta velocidad”, explica Boteanu.

Por tanto, la especialista enfatiza que “la actividad física se tiene que practicar de forma regular y en aumento progresivo para mejorar la salud en todos sus aspectos. Realizar ejercicio físico muy intenso de forma puntual puede ser contraproducente y provocar lesiones, pero los beneficios de hacer deporte de forma regular superan los riesgos”.

Este consejo está en la línea del criterio de Raimon Pelach, vocal de la junta directiva de la Asociación Navarra de Pediatria (ANP), que defiende “dejar las modas aparte y evitar etiquetar. El niño es un organismo en desarrollo, y cada uno lo hace en un momento determinado. Lo primero que hay que hacer es individualizar y nunca generalizar”. Resalta el papel de una alimentación equilibrada y adecuada a su edad y del ejercicio físico equilibrado y siempre “adaptado a las circunstancias individuales de cada niño”.

Deporte por prescripción facultativa

Mazas insiste en que el beneficio de la actividad física en los niños va más allá de la salud musculoesquelética porque, además del bienestar psicológico y social, “reduce el riesgo cardiovascular en la edad adulta (cardiopatía isquémica e ictus)”. Por ello, recomienda que se establezca una rutina de ejercicio físico antes de la adolescencia, porque “si no se hace así, después será muy complicado, sobre todo en las niñas”, e incluso apunta que “los niños deberían hacer deporte entre los 6 y los 16 años por prescripción médica. El deporte tiene que ser una receta más”.

La reumatóloga resalta el papel de los médicos de Atención Primaria, quienes “igual que los profesores, son un pilar muy importante en la vida del actual niño, futuro adulto. Tomando como ejemplo la implementación de los programas de disminución del riesgo cardiovascular -que han obtenido fantásticos resultados-, los programas de disminución de riesgo de patología musculoesquelética podrían tener resultados positivos a corto y largo plazo”. Recomienda a los médicos que promocionen en sus consultas un estilo de vida activa, “explicando a los padres y a los niños las actividades físicas más adecuadas y seguir la evolución, especialmente de los niños con baja ingesta láctea/cálcica y escasa actividad física en los que el ejercicio puede tener un gran impacto en la salud musculoesquelética”.

Pelach insiste en que los padres deben educar al niño en conductas saludables (que incluyen la alimentación y el ejercicio) con directrices claras y ajustadas a las características de su hijo, “porque si se empeñan en que hagan un deporte que no les gusta, pronto lo dejarán de lado”.

Reyes Mazas defiende las bondades de las actividades colectivas frente a las individuales porque “favorecen la socialización, establecer lazos entre iguales, sirven para canalizar emociones negativas y aumenta la autoestima, incluso aumenta el rendimiento escolar y aumenta la concentración, por lo que los aconsejamos en los niños con déficit de atención”.

Todos los expertos coinciden en el mensaje final: “Para alcanzar los objetivos de actividad física en los menores es preciso involucrar a los padres y a toda la comunidad educativa”.

 

1.-Organización Mundial de la Salud (OMS). Datos y cifras sobre obesidad infantil. http://www.who.int/end-childhood-obesity/facts/es/

 

2.-Estudio ALADINO 2015: Estudio de Vigilancia del Crecimiento, Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España 2015. Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Madrid, 2016. http://www.aecosan.msssi.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/nutricion/observatorio/Estudio_ALADINO_2015.pdf

 

 

3.-Larsen MN, Nielsen CM, Helge EW, et alPositive effects on bone mineralisation and muscular fitness after 10 months of intense school-based physical training for children aged 8–10 years: the FIT FIRST randomised controlled trial. Br J Sports Med. 2018;52:254-260. http://bjsm.bmj.com/content/52/4/254