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Detectada una conexión protectora entre retinopatía diabética y enfermedad cardiovascular

12 abril, 2018

Detectada una conexión protectora entre retinopatía diabética y enfermedad cardiovascular

La diabetes es una enfermedad crónica que cada vez afecta a más personas. En el mundo, hay más de 422 millones de diabéticos, cuatro veces más que en la década de 1980, y en 2030 será la séptima causa de muerte, según los datos ofrecidos por la OMS. La mayoría de los casos corresponde al tipo 2, cuya aparición está relacionada con el estilo de vida (sobre todo obesidad y sedentarismo). Por el contrario, la diabetes tipo 1 afecta apenas del 5% de los afectados y todavía no se conoce con precisión qué la origina1.

La diabetes tipo 1 suele aparecer durante la infancia, y alcanza su pico de incidencia entre el grupo de edad de 10 a 14 años. Como ocurre en la diabetes tipo 2, los casos en Europa han aumentado una media de 3,5% anual en las últimas décadas, tal vez por una susceptibilidad genética diferente o por la exposición a factores ambientales2. La microangiopatía lleva al desarrollo de complicaciones a largo plazo, entre las que la retinopatía y la nefropatía diabéticas son las más habituales. La prevalencia de la primera es del 50% a los 10 años de evolución de la enfermedad y del 70% a los 20 años. En cuanto a la nefropatía, la prevalencia oscila entre el 20 y el 40% a los 20 años del comienzo de la enfermedad2.

Las complicaciones cardiovasculares son la principal causa de muerte en los afectados por diabetes tipo 1, pero la relación entre retinopatía y problemas cardiovasculares es diferente a la de nefropatía y patología cardiovascular, ha comprobado un equipo de investigación del Joslin Diabetes Center, de la Universidad de Harvard, que ha publicado sus resultados en Diabetes Care3. George King, director científico del Joslin y profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, afirma que “es un hallazgo inesperado que sugiere que los factores biológicos que protegen o dañan los vasos que comparten el ojo y el sistema cardiovascular son diferentes a los que afectan al riñón”.

Para el estudio, los autores analizaron los registros de cientos de pacientes con más de 50 años de evolución de la enfermedad y encontraron que la ausencia de retinopatía se asoció a una disminución de la prevalencia de ECV, aunque el paciente presentase afectación renal, lo que sugiere que pueden existir factores protectores comunes para la retinopatía y la ECV. Además, el estudio también confirmó que el daño a los nervios en sujetos con diabetes tipo 1 no muestra los mismos vínculos con las enfermedades cardiovasculares que el daño ocular, lo que, nuevamente, sugiere una estrecha conexión entre el ojo y el daño cardiovascular.

George King confía en que estos resultados ayudarán a controlar las complicaciones asociadas a la diabetes tipo 1, un objetivo complejo dada la diferente evolución entre pacientes. Luis Ávila Lachica, vocal de la junta directiva de la Sociedad Española de Diabetes y miembro del grupo de diabetes de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), recuerda que “sabemos desde hace años que hay pacientes con diabetes tipo 1 y 2 que presentan una mala evolución y desarrollan complicaciones de forma precoz, y otros que no lo hacen incluso con peor control de la glucemia. Este punto ha despertado gran interés siempre, pero hasta el día de hoy, no conocemos qué factores (genéticos, ambientales, familiares, etc.) influyen en esta mala o buena evolución de las complicaciones la diabetes”.

Este especialista subraya que, al carecer de marcadores de evolución, “lo único que podemos hacer es un control estricto de todos los factores de riesgo cardiovascular a todos los pacientes. Si dispusiéramos de marcadores de evolución, seguramente podríamos incidir de forma diferente”.

Según el portavoz de SEMFYC, los marcadores de inflamación son los únicos datos que pueden orientar hacia la progresión de la enfermedad cardiovascular, pero “por su poca especificidad, solo se utilizan en investigación y tienen poco valor en la práctica”.

Por estas razones, los resultados publicados por los especialistas de la Universidad de Harvard abren una posibilidad a poder intervenir precozmente y de una forma más eficaz y personalizada sobre el riesgo cardiovascular en diabéticos. Luis Ávila extiende el interés también a diabéticos tipo 2, en lo que “la enfermedad cardiovascular debe ser investigada desde el mismo momento del diagnóstico, ya que no sabemos exactamente cuándo comenzó el proceso, que puede estar latente de forma asintomática durante muchos años. Por el contrario, en los diabéticos tipo 1, el cribado de complicaciones de la enfermedad no está indicado hasta los cinco años posteriores al diagnóstico”.

 

1.-Organización Mundial de la Salud (OMS). Diabetes (nota descriptiva Noviembre 2017). http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs312/es/

2.-Luis Forga. The epidemiology of type 1 diabetes: Helping to fit the puzzle pieces. Endocrinol Nutr 2015;62:149-51 – DOI: 10.1016/j.endonu.2015.02.002. http://www.elsevier.es/es-revista-endocrinologia-nutricion-12-articulo-epidemiologia-diabetes-tipo-1-ayudando-S1575092215000571

3.-Daniel Gordin, Valma Harjutsalo, Liane Tinsley, Ward Fickweiler, Jennifer K. Sun, Carol Forsblom,Peter S. Amenta, David Pober, Stephanie D’Eon, Maya Khatri, Isaac E. Stillman, Per-Henrik Groop, Hillary A. Keenan and George L. King. Differential Association of Microvascular Attributions With Cardiovascular Disease in Patients With Long Duration of Type 1 Diabetes. Diabetes Care 2018 Jan; dc172250. http://care.diabetesjournals.org/content/early/2018/01/25/dc17-2250