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Hipertensión Arterial en España: prevención, diagnóstico y tratamiento

Hipertensión Arterial en España: prevención, diagnóstico y tratamiento

Según la OMS -Organización Mundial de la Salud-, alrededor de 1130 millones de personas en el mundo padecen hipertensión arterial1. A nivel nacional, se calcula que, en torno a un 33% de la población adulta española, es hipertensa2.

Una presión arterial alta, aumenta significativamente las probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares -como cardiopatías, encefalopatías, o nefropatías-3, comportando un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad.

A pesar de ello, más del 37,4% de los hipertensos no han sido diagnosticados. Asimismo, tan solo el 30% de las personas diagnosticadas, tienen controlada su presión arterial4.

Teniendo en cuenta las graves consecuencias que puede provocar la hipertensión arterial en la salud de millones de personas, y dada su elevada incidencia entre la población, uno de los principales objetivos de nuestro sistema de salud debe ir dirigido a la identificación y determinación de métodos eficaces para su diagnóstico, control y tratamiento.

¿Qué es la hipertensión arterial?

La hipertensión arterial es un trastorno que se produce cuando los vasos sanguíneos están sometidos a una presión arterial alta. Es decir, cuando la “fuerza” que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias es demasiado elevada.

Como se mencionaba con anterioridad, la hipertensión arterial se encuentra íntimamente relacionada con el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Y es que, cuanto más alta es esa tensión arterial, más esfuerzo tiene que hacer el corazón para bombear la sangre hacia los vasos sanguíneos.

Dentro de la “tensión arterial”, podemos distinguir dos tipos:

  • La tensión sistólica -se refiere a la presión que ejerce la sangre sobre los vasos sanguíneos cuando el corazón se contrae-.
  • La tensión diastólica -que representa la presión arterial cuando el corazón se relaja-.

Así pues, los parámetros normales de tensión arterial en adultos se sitúan en 120 mmHg -en tensión sistólica- y en 80 mmHG -en tensión diastólica-5. Cuando la tensión sistólica es de 140 mm Hg, y/o la tensión diastólica es de 90 mm Hg, se considera hipertensión6.

Prevención de la hipertensión arterial

Para determinar si la hipertensión arterial puede o no prevenirse, es necesario indagar en las causas que la provocan.

En este sentido, se distinguen dos clases de hipertensión en atención a su origen:

  • Hipertensión arterial esencial o primaria.
  • Hipertensión arterial secundaria.

La hipertensión arterial esencial o primaria es la más frecuente -el 90% de los casos diagnosticados pertenecen a esta modalidad de hipertensión-7.

En tales supuestos, la hipertensión se considera como un trastorno poligénico donde determinados factores adquiridos o ambientales -como: el sobrepeso, una elevada ingesta de sal en la dieta, el sedentarismo, etc.-, incrementan las probabilidades de sufrirla8.

Por otro lado, la hipertensión arterial secundaria -correspondiente al 10% de los casos de hipertensión9- puede estar provocada por determinadas enfermedades -como: la enfermedad renal parenquimatosa, la enfermedad renovascular, el hiperaldosteronismo primario, etc.-, o incluso, por la ingesta de fármacos o drogas10.

Por tanto, teniendo en cuenta que la modalidad de hipertensión más común es la esencial o primaria, y que su desarrollo se asocia a la existencia de factores adquiridos o ambientales, cabe concluir que, en la mayoría de los supuestos, la hipertensión arterial podría prevenirse.

Algunas medidas para ello serían11:

  • Abandonar el consumo de tabaco.
  • Seguir una dieta baja en sal -menos de 5g al día-.
  • Evitar el consumo de alcohol.
  • Reducir la ingesta de grasas -sobre todo saturadas-.
  • Realización de actividad física de manera periódica.
  • Evitar el sobrepeso.
  • Suplementos de potasio -salvo en casos de enfermedad renal-.
  • Gestionar el estrés de manera saludable.

Diagnóstico de la hipertensión arterial

La hipertensión suele ser asintomática, por lo que la mayoría de los diagnósticos se producen de forma fortuita en exámenes rutinarios.

El método de diagnóstico más utilizado consiste en la medición de la presión arterial a través de un esfingomanómetro -más conocido como tensiómetro-.

Cuando el promedio de presión arterial sistólica es igual o superior a 140 mmHg, y la presión diastólica se sitúa en 90 mmHg, procede el diagnóstico de hipertensión. Es importante destacar que, dichos umbrales deben reducirse cuando se trate de pacientes con enfermedades cardiovasculares, o que presenten factores de riesgo cardiovascular-12.
Además, para confirmar el diagnóstico de hipertensión, es necesario realizar diversas mediciones, ya que la presión arterial es un parámetro muy cambiante y variable.

Precisamente por ello, se recomienda llevar a cabo el procedimiento de Monitorización Ambulatoria de Presión Arterial -MAPA-, el cual permite controlar la presión arterial de manera constante durante un período de 24 horas13.

Este procedimiento se desarrolla a través de la colocación de un dispositivo automático en el paciente con el fin de realizar tomas de presión arterial de manera contínua y automática.

Se considera que la MAPA es la forma de diagnóstico, control y seguimiento de la hipertensión más eficaz, siendo su utilización recomendada por la mayoría de guías internacionales14.

Tratamiento de la hipertensión arterial

Como se mencionaba con anterioridad, determinados casos de hipertensión arterial pueden estar asociados a factores adquiridos o ambientales. En tales supuestos, el cambio en el estilo de vida del paciente, así como en su dieta, pueden prevenir la aparición de la hipertensión o, si ya la padece, mejorar su control.

Ahora bien, cuando estas medidas no sean suficientes para controlar dicho trastorno, deberá iniciarse un tratamiento farmacológico.

En primer lugar, cabe destacar que el tratamiento farmacológico en la hipertensión tiene por objetivo reducir el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares15.

En cuanto a los fármacos recomendados para el tratamiento, se aconsejan16:

  • Diuréticos tiazídicos.
  • Inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina -IECA-.
  • Antagonistas de los receptores de la angiotensina II -ARAII-.
  • Calcioantagonistas -CA-.

Cuando la hipertensión arterial sea muy alta -superior a 140 mmHg de presión sistólica, y/o superior a 90 mmHg en presión diastólica-, o se de en pacientes con comorbilidades, se recomienda el uso de los demás grupos, incluyendo los betabloqueantes -BB-17. En tales casos, se insiste en la conveniencia de prescribir un tratamiento combinado de IECA o ARAII, con diurético tiazídico o CA18.

Finalmente, se debe llevar a cabo un seguimiento mensual de la enfermedad, hasta que el paciente logre alcanzar las cifras establecidas como objetivo. Este seguimiento debe realizarse con mayor asiduidad en función de la situación clínica del paciente19.





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