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Un astronauta es tratado con enoxaparina de una trombosis venosa profunda en la Estación Espacial

Miniatura contaminación
30 enero, 2020

Un astronauta es tratado con enoxaparina de una trombosis venosa profunda en la Estación Espacial

Las principales conclusiones de la investigación han sido publicadas en New England Journal of Medicine

Un astronauta estadounidense que se encontraba a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) fue tratado de una trombosis venosa profunda por primera vez en la historia. Las principales conclusiones del estudio, realizado por la astronauta de la NASA y médico Serena Auñón-Chancellor, se han publicado en New England Journal of Medicine.

https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMc1905875

El artículo detalla un caso de trombosis que resulta de un coágulo en la vena yugular interna de un astronauta estacionado en el complejo orbital. Es el primer caso de riesgo médico desconocido que ha sido tratado en el espacio, con las indicaciones de médicos desde la Tierra.

Auñón-Chancellor ha explicado que “estos nuevos hallazgos demuestran que el cuerpo humano todavía nos sorprende en el espacio”. Esta doctora ha sido certificada por la NASA como especialista en Medicina Interna y Aeroespacial. “Todavía no hemos aprendido todo sobre Medicina aeroespacial o fisiología espacial”, ha añadido. Un total de 11 astronautas participaron en el estudio vascular, que buscó ayudar a cerrar lagunas en el conocimiento sobre la fisiología circulatoria que no solo beneficiará a los pacientes en la Tierra, sino que podría ser básico para la salud de los astronautas durante futuras misiones de exploración espacial a la Luna y Marte.

Técnicas empleadas

El estudio midió la estructura y la función de la vena yugular interna en los vuelos espaciales de larga duración donde los astronautas están expuestos a cambios sostenidos de sangre y fluidos tisulares. Las pruebas de ultrasonido de las venas yugulares internas de los astronautas se realizaron a horas programadas en diferentes posiciones durante la misión. Los resultados de la ecografía realizada aproximadamente dos meses después de la misión revelaron una sospecha de trombosis venosa yugular interna obstructiva izquierda (coágulo de sangre) en un astronauta. Esta mujer, guiada por dos radiólogos independientes desde la Tierra, realizó una prueba ultrasonido de seguimiento, que confirmó la sospecha.

Se trata de la primera vez que la NASA se enfrenta a unas circunstancias similares, según ha confirmado la agencia norteamericana, que abrió un debate sobre los riesgos desconocidos del coágulo con respecto a la terapia de anticoagulación en microgravedad.

La farmacia de la estación espacial tenía 20 viales que contenían 300 mg de enoxaparina inyectable (un anticoagulante similar a la heparina), pero ningún fármaco de reversión de anticoagulación. Uno de los desafíos que se presentaron fue realizar las inyecciones, ya que el empleo de las jeringuillas se complicaba por los efectos de la falta de gravedad.

Tratamiento anticoagulante

El astronauta comenzó el tratamiento con enoxaparina, inicialmente a una dosis más alta que se redujo después de 33 días hasta la llegada de un anticoagulante oral (apixaban), gracias a una nave espacial de suministro. Aunque el tamaño del coágulo se redujo progresivamente y el flujo sanguíneo a través del segmento yugular interno afectado podría inducirse en el día 47, el flujo sanguíneo espontáneo seguía ausente después de 90 días de tratamiento anticoagulante. El astronauta tomó apixaban hasta cuatro días antes del regreso a la Tierra.

Después del aterrizaje, se realizó una ecografía al astronauta que mostró restos del coágulo que ya no necesitaba más anticoagulación; de hecho, el coágulo desapareció a los diez días. Seis meses después de regresar a la Tierra, el astronauta permaneció asintomático.

Según los datos aportados en el estudio, esta persona no tenía antecedentes personales o familiares de coágulos sanguíneos, y no había experimentado dolor de cabeza u otros síntomas en condiciones de ingravidez. Los cambios en el flujo sanguíneo y el riesgo trombótico descubierto en el estudio apuntan la necesidad de realizar más investigaciones.