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El abordaje de la insuficiencia cardiaca avanzada debe ser consensuado por pacientes y profesionales sanitarios

Miniatura cardiología
13 enero, 2020

El abordaje de la insuficiencia cardiaca avanzada debe ser consensuado por pacientes y profesionales sanitarios

Un estudio publicado en JAMA Cardiology explora una metodología proactiva de definición de preferencias a través de expertos integrados en equipos multidisciplinares

La progresión de la insuficiencia cardiaca (IC) tiene repercusiones a nivel de la limitación de capacidad funcional y de la aparición de síntomas que interfieren en la calidad de vida, especialmente en fases de final de la vida. A pesar de ello, la identificación precoz de esta etapa y la planificación de la atención multidisciplinar centrada en los cuidados de la persona es una práctica no es muy extendida en nuestro entorno debido al sistema, los profesionales, los pacientes y los cuidadores, entre otros motivos, como ha explicado Miquel Àngel Mas, de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Este especialista ha publicado un artículo en Revista Española de Cardiología (REC) en el que ha señalado que “a menudo hay un desajuste entre el pronóstico esperado por los profesionales y la expectativa de supervivencia de los pacientes”. “La aproximación paliativa llega, en muchas ocasiones, tarde y no se desarrolla de manera suficientemente integrada entre todos los actores que participan en la atención”, ha añadido.

Las guías de IC están emplazando a potenciar la discusión de las directrices avanzadas y preferencias de atención, para orientar a los profesionales y cuidadores en el abordaje de las necesidades sanitarias y sociales de las fases avanzadas de la enfermedad. Este hecho debe ayudar, a su vez, a la optimización de los recursos para un final de vida de calidad.

Expectativas pronósticas

Un estudio reciente publicado en la revista JAMA Cardiology explora una metodología proactiva de definición de preferencias de atención y de alineación pronóstica a través de profesionales expertos integrados en equipos multidisciplinares de IC.

La principal hipótesis con la que trabajó este grupo norteamericano fue que las conversaciones, lideradas por un trabajador social experto en atención paliativa, con pacientes que sufren IC de alto riesgo pronóstico, podrían facilitar el registro de las preferencias de atención y una mejor alineación paciente-médico de las expectativas pronósticas.

Datos del estudio

El ensayo clínico prospectivo y unicéntrico comparó el impacto longitudinal con seguimiento a seis meses de una intervención con enfoque paliativo dirigido por un trabajador social frente a una intervención control, en la planificación avanzada de atención y la calidad de vida de los pacientes con alto riesgo pronóstico por IC. Se reclutaron un total de 50 pacientes de edad media 72 años (FEVE media de 0,33; 2/3 partes estaban en clase funcional III y IV de la New York Heart Association [NYHA]; el 82% de los ellos habían sido hospitalizados más de una vez en el último año).

Metodología

Los pacientes del grupo intervención recibieron un plan específico de discusión de objetivos de atención basado en la metodología Serious Illness Conversation Guide. Dichas conversaciones se iniciaban en el hospital y continuaban a nivel ambulatorio e incluían contacto telefónico. Las dos variables primarias recogidas a los seis meses fueron:

  1. Porcentaje de registro de preferencias de atención en la historia clínica de los pacientes.
  2. Porcentaje de pacientes en los que hubo una mejoría en la alineación pronóstica médico-paciente.

Como variables secundarias se registraron, entre otras:

  • A. La calidad de vida.
  • B. Los síntomas ansiosos/depresivos.
  • C. La mortalidad.

Al inicio, el 64% de los médicos preveían fallecimiento de sus pacientes al año, mientras que el 84% de los pacientes esperaban sobrevivir un mínimo de cinco años. Solo un 16% tenían documentada algún tipo de preferencia de atención.

A los 6 meses, el 65% del grupo intervención (frente al 33% en el grupo control) tenían documentación médica de las preferencias avanzadas de atención en la historia clínica electrónica de sus pacientes. Los pacientes supervivientes del grupo intervención tuvieron una orientación sobre su pronóstico en una dirección similar a los de sus equipos médicos (94% frente a solo un 26% en el grupo control). En cambio, no se encontraron diferencias en el seguimiento en medidas de calidad de vida, ansiedad o depresión.

Trabajo multidisciplinar

A modo de conclusión, Miquel Àngel Mas ha señalado que la sobreestimación de la supervivencia por parte de los pacientes con IC, incluso en fases avanzadas o terminales, es un elemento con impacto en la atención. “Es imprescindible que los profesionales trabajemos de formar multidisciplinar para superar esta situación, a partir de iniciativas proactivas que permitan acercar la visión de los clínicos a la de los pacientes respecto al pronóstico y a las necesidades de los cuidados al final de la vida”.

En este estudio, la mejoría en la comprensión de este pronóstico no comportó un aumento de la ansiedad o depresión, o un empeoramiento de la calidad de vida, y supuso una mayor concienciación sobre las preferencias de atención de los pacientes. Este trabajo fue dirigido por un profesional de trabajo social experto en cuidados paliativos. En opinión del especialista de la SEC, “los profesionales sanitarios referentes también deberían tener esta capacidad de comunicar el pronóstico y de trabajar la planificación de la atención con los pacientes, como una habilidad más en el manejo integral de las personas con insuficiencia cardiaca”.